9 oct. 2010

Día 9: Depresión

No. Definitivamente no es lo mejor.
Este día ha sido eterno para mí. No dejo de pensar en ella. Es como si ayer hubiese reservado todo, justamente para que hoy me carcomiese.
No fui a verla. No pienso hacerlo. Tampoco le he llamado. No pienso hacerlo. Seguramente, ella tampoco piensa hacerlo. No después de lo sucedido ayer.
Este día ha sido uno de los más deprimentes de mi vida. Las nubes grises parecen esperar el momento en que me descuide para caer sobre mí, con su voluptuosidad oscura que me envolvería en el peor abismo que he conocido hasta ahora… No sé ni lo que digo. Las malditas nubes son del blanco más brillante que he visto en mi vida y sólo se han movido por el viento.
Quería salir por la mañana a caminar, pero fue mayor la pesadez de mi alma, así que no salí de la cama hasta ya entrada la tarde. No probé alimento en toda la mañana: El hambre parece no afectarme hoy. Ni siquiera la sed me acosó en todo el día. Lo poco que probé de alimento y de bebida fueron unas cuantas galletas que encontré en la cocina y un vaso de agua, y con eso me bastó para todo el día.
No quiero saber nada del mundo, y mucho menos de ella. Pero si así es, entonces ¿porqué anhelo tanto su presencia? ¿Porqué sigo pendiente al teléfono esperando su llamada, una llamada que sé que nunca hará y que aún así creo con todas mis fuerzas que está por llegar? ¿Porqué tiemblo cada vez que pienso en ella? ¿Qué carajos me pasa?
El día me ha parecido eterno. No puedo hacer otra cosa que pensar en ella y en su llamada, en que el siguiente minuto será el propicio para que levante el auricular y que ambos resolvamos esto, que me diga que es mentira lo que vi., que tan sólo era una ilusión… una maldita ilusión de tres días…
Cada momento que miraba el reloj, suponiendo que se había consumido una hora más de mi vida, me percataba con extrañeza que no había sido una hora la que había pasado, sino a penas un par de minutos, y en ocasiones hasta menos. Estaba tan desesperado que comencé a apretar mis puños nuevamente, una y otra vez, y cada repetición la realizaba con mayor fuerza que la anterior. Tan sólo la humedad de mi propia sangre en mis manos fue capaz de sacarme de ese sueño vacío que me ha alejado este día de la realidad. Ese sueño que lleva su nombre y que parece que no terminará hasta convertirse en una pesadilla..
De alguna forma que ignoro, he logrado llegar con cierta cordura al final de este día, y para demostrarme que es verídica tal afirmación, es que escribo en estas hojas sueltas algunos de los pensamientos que por mi mente pasaron hoy… aunque todos mis pensamientos se centraron en ella y en el día de ayer..
Debo hacer algo y pronto. No puedo concebir mi vida sin ella. Pero tampoco puedo concebir mi vida con sus engaños y traiciones. ¿Qué debo de hacer? Pensar en ella me hiere, pero si no pienso en ella simplemente no puedo vivir. Es lo más hermoso que he conocido en mi vida, y ahora está lejos de mí, tal vez para siempre…
Algo debo hacer.

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