6 oct. 2010

Día 6: Dudas

Tal vez sea paranoia mía. Me siento confundido por su actitud de hoy. Sentí que, sin razón alguna, su comportamiento fue frío, seco, que solo habló conmigo lo estrictamente necesario. No lo sé. Miles de dudas me han atacado este día. Sentí que el mundo se estaba volviendo en contra mía.
Durante las clases hablé con algunos de mis amigos. Aún no les he dicho de mi relación con ella, y eso fue precisamente lo que me desconcertó. Comenzaron a hablar de ella, de su forma de ser. Entre palabras pude escuchar algunas insultantes, varias que rebajaban su reputación, chistes de mal gusto… Poco faltó para que perdiera el control y les respondiera. No lo hice porque sé que solo son mentiras, porque les gusta mofarse de las personas a sus espaldas. Pero aunque sepa eso, las palabras que dicen hacen grandes heridas en mí. La plática de mis amigos no fue ningún incentivo a mi confianza en ella. Decían que era un mujer fácil, que solo jugaba con quien podía. Poco a poco fue subiendo de tono la plática, y no tuve otra opción que irme de ahí.
Casi al momento de separarme de ellos, recibí un recado de ella por parte de una de sus amigas: en el me decía que ni hoy ni mañana podríamos vernos, que un asunto importante había surgido y que no podía dejarlo de lado. No hubo problema. En realidad no me molestaba el no verla un par de días.
Sin embargo, al salir de clases sentí curiosidad de saber hacia dónde se dirigía. Esperé como de costumbre, recargado en una de las bardas cercanas a la escuela, con poca esperanza de verla. Creía que saldría antes, tal vez ni siquiera había ido hoy. Pero no, ahí estaba ella. La noté muy tranquila, nada presionada, todo lo contrario a como su amiga me había dicho que estaba. ¿Será que ya había solucionado su problema?
Estuve a punto de acercarme a ella, pero en ese preciso momento apareció una silueta a sus espaldas, cosa que me hizo detenerme en seco. Si hubiese estado en peligro estoy seguro de que mi reacción hubiese sido totalmente opuesta, pero en este caso fue la sorpresa lo que me detuvo. Sentí una oleada de calor subir por mi espina dorsal, llegar a mi cabeza, y por último, irrigar toda la sangre acumulada por todas mis extremidades, con una presión a penas soportable. Fue un momento espantoso, sentía que el mundo caía sobre mis hombros mientras me ahogaba bajo su peso. La silueta era de uno de mis amigos, del más cercano.
¿Qué tenía que hacer él con ella? Luego de superar la primera impresión, sentí la necesidad de llegar donde ellos y aclarar las cosas. Tal vez era un malentendido y yo solo estaba imaginando situaciones que no tenían razón de ser y mucho menos posibilidad de ocurrir. Pero antes de que lo hiciera, ellos se alejaron por la avenida, caminando muy juntos, casi de la misma manera en que lo hiciera conmigo.
Solo una calle nos separaba, y me dispuse a cruzarla para quedar frente a ellos. Pero la suerte no estuvo de mi lado en esa ocasión, tal vez por una despreciable coincidencia o por azares del destino. Un enorme camión de carga pasó frente a mis ojos a una velocidad lenta en realidad, o por lo menos a mí me pareció eterno el lapso que tardó en cruzar. Desesperadamente busqué algún espacio en el camión, una pequeña franja que me permitiera ver al otro lado de la calle para saber a dónde se dirigían, pero fue en vano.
Cuando por fin terminó de pasar frente a mí, miré en todas direcciones para saber que camino habían tomado, pero no había nadie. Se habían esfumado entre el ruido de los automóviles y el humo que estos despedían, dejando desolada la grisácea acera.
Las dudas tomaron forma en mi cuerpo, o más que forma, acciones. Un retortijón en mi vientre casi me hizo caer de rodillas, mientras mi cabeza daba vueltas. Solo son dudas, no hay nada de lo que te debas preocupar, me repetía una y otra vez. No había nada de que preocuparme… así como tampoco había nada que pudiera hacer en cualquier caso.
¿Porqué tuve que verlos? ¿Porqué tuve que escuchar a su amiga? ¿Porqué mis amigos eligieron hoy para hablar de ella? ¿Porqué me desperté hoy? Igual, ya estaba hecho, tenía que resignarme. Regresé a mi casa, ahuyentando todos esos pensamientos de mi cabeza, aunque con gran dificultad y sin resultados efectivos. Y ahora estoy aquí, escribiendo. En su casa no responden, no tengo forma de localizarla y dudo mucho tener las fuerzas para llegar hasta su casa
Tal vez sea paranoia mía. Espero que solo eso sea. Mañana aclararé todo.

1 comentario:

ADLIH dijo...

Me gusta leerte, disfruto mucho hacerlo, escribes de una manera tan vivida que juro senti el retortijon.

Saludos mi sociopata favorito.