7 ago. 2014

Previsión

-No entiendo por qué no tienes novia.

Había perdido la cuenta de las veces que le decían esas palabras. Ni siquiera se molestó en responder al joven de anteojos a su derecha, se limitó a encogerse de hombros y beber un trago más, con la mirada perdida en la multitud que ante ellos bailaba.

-En serio, no entiendo por qué. Incluso te lo dijo mi hermana, tienes buenas cualidades, de esas estilo príncipe azul...

-Tal vez no les resulto tan guapo o atlético como intento aparentar –interrumpió con la esperanza de dejar el tema.

-No, no es eso. Mira a ese tipo –señaló a un hombre entre los bailarines en aquella fiesta-, parece extra de película de zombis, no tiene complexión atlética ni atractivo alguno, y aún así se las ingenió para andar con... ¿cómo se llamaba?

-No lo recuerdo –mintió, aún cuando recordaba a aquella mujer que había sido su pareja en secreto un par de días-, pero sé a quién te refieres.

-Pues eso, que ese tipo anduvo con ella, y no se puede decir que sea un caballero, o siquiera gracioso. Es grotesco, y te lo dice un experto en el tema. Aún así, anduvo con esa chica que no estaba nada mal, y duraron varios meses. ¿Me vas a decir que él es más guapo, atlético o mejor opción que tú?

Miró a su amigo de soslayo, no como reclamo, sólo con cierto hartazgo. Pero el joven no notó la mirada y continuó indagando.

-No lo tomes a mal, pero igual y necesitas ser más aventado. Tienes amigas preciosas, y por lo que he visto, más de una podría ser tu novia si así lo quisieras.

-¿Y si no es lo que quiero? –preguntó con cansancio. Giró por completo pare quedar de frente al joven de anteojos y esperó una respuesta.

-¿Cómo que no quieres? ¿No te gustan o qué? Digo, respeto si son otros tus gustos...

-Gracioso que eres. Lo que digo es que son atractivas, sí. Y también inteligentes, divertidas y de plática amena. Seguramente debe ser un placer cada instante que uno pase al lado de ellas...

-¡A eso me refería con las cualidades! Tienes labia, sabes decir las cosas como pocos, de manera elegante. ¡Hasta rimas frases!

-Coincidencias. Y tienes razón en parte, eso de la labia ayuda mucho al momento de estar con alguien.

-¿Entonces? ¿Por qué no estás con alguien?

-No sabía que era una obligación tener pareja.

-Pues no lo es, pero definitivamente es algo que complementa a las personas.

-¿Complementa? Lo dudo, no a todos. Hay quienes estamos a gusto en la soledad.

-Tú no. Te conozco lo suficiente para saber que no te gusta estar solo. Te gusta ser solitario, pero no estar solo. Recuerdo la conferencia de hace unos meses, fuiste el primero en afirmar que la soledad es de los peores de los males de la sociedad actual.

-No significa que no disfrute la soledad.

-De acuerdo, te concedo eso. Pero sé que no quieres estar solo toda tu vida, se te nota en los ojos.

-¿Entonces puedes leer la mirada de las personas?

Interrumpió la respuesta con un ademán de su brazo, pidiendo brindar por el cambio de música. Fue secundado y, luego de que ambos sorbieran un poco de sus bebidas, continuaron.

-No es que lea la mirada, pero el cansancio que se nota en tus ojos revela algunos aspectos de ti. Por ejemplo, que no quieres estar solo. ¿Cómo decirlo? Te gusta tu espacio, pero quieres compartirlo con alguien.

Adelantó un trago más a su bebida. El joven de lentes miraba la pista de baile y de reojo a su compañero de borrachera. Este último suspiró y, sin apartar la vista de un vacío inexistente, respondió.

-Cierto, me gusta mi espacio y mi privacidad. Tal vez sea una consecuencia de estar sin pareja tanto tiempo, no lo sé. Pero estoy a gusto así –se acomodó en la silla-. Y sí, también es cierto que me gustaría compartir ese espacio, incluso mi vida, con alguien.

-Pero...

-Pero muchas cosas –un vistazo a su vaso medio vacío, un movimiento de muñeca para hacer que el agua de los hielos se distribuyera-. Puedo ver el futuro.

-No mames.

-No como te imaginas, al estilo vidente de bola de cristal y esas cosas, así no. Puedo verlo así como tú dices que pudiste leer mi mirada, de una manera que, creo yo, todos deberíamos poder, o siquiera intentar.

-¿Y cómo es eso?

-Evaluando.

Un silencio en su charla dio paso a una nueva canción en la pista de baile. La mirada incrédula detrás de los anteojos hizo que continuara justo donde se había quedado.

-Evalúo a las mujeres que me interesan. Lo hago desde el primer momento y hasta que logro formarme una idea de cómo es. Hay ocasiones en que tardo, algunas veces me basta cruzar un par de diálogos.

-¿Entonces puedes conocer a una mujer con sólo platicar un poco?

-Mujer, hombre, cualquier persona. No es un método exclusivo mío, ni cien por ciento seguro, obviamente, pero te da un buen panorama de las posibilidades. Tampoco es algo que se logre al primer intento, lleva su tiempo y uno se va acostumbrando a detectar ciertos patrones o señales.

-Estás empezando a hablar raro y no tengo ganas de una terapia psicológica en estos momentos...

-Tú lo iniciaste. Además, no soy psicólogo, sólo observador. Además, está relacionado con el por qué no tengo novia.

Un breve silencio seguido de aplausos les indicó que los músicos en turno tomarían un descanso, pero la música continuaría de manera artificial.

-O sea que las observas y decides que no te convienen.

-No en todos los casos. A veces soy yo quien no les conviene, otras veces sólo tenemos un chispazo de empatía que no promete durar mas de unos días u horas. Algo tan efímero no me suele resultar llamativo, y cuando logra convencerme la posibilidad, prefiero la discreción.

-¿Cómo que discreción?

-Evitar hacer pública esa relación. Nunca se sabe cómo te afectará tener un historial de cien relaciones “de un rato”.

-Bueno, pero esa cantidad ya es una exageración también.

-Puede ser, tan exagerado como quienes piensan que encontraron al amor de su vida luego de unos días de convivencia. Nunca he entendido eso, cómo pensar que podrás pasar el resto de tu vida (que suponemos serán al menos unos años) con una persona a la cual recién estás descubriendo. Te aseguro que familiares con los que convives casi a diario no te conocen lo suficiente, pero la oportunidad de creer que te conoce y de estar contigo “toda tu vida” se la darás a una persona parcialmente desconocida.

-Ya vas a empezar de amargado –sonrió y dio otro sorbo a su vaso, ya casi vacío.

-No me puedes culpar porque la realidad sea amarga.

-Mejor explica más lo de adivino. Eso de ver el futuro no me termina de quedar claro.

-No veo el futuro, evalúo las posibilidades y hago una previsión. Es cuestión de observar a una persona, ver qué hace, poner atención en lo que dice, en cómo lo dice, incluso a quién mira cuando lo dice. Te digo, no es algo que sólo yo haga, incluso hay atajos ya predeterminados. Por ejemplo, haz escuchado eso de que no se debe hablar de un ex en las primeras citas, ¿no?

-Si, es como una ley no escrita.

-Y muy acertada, pero alguien debió observar y comprobar los resultados antes de declararla “ley”, ¿no crees? Alguien debió poner atención en que las personas, cuando mencionan a su ex en las primeras charlas con una nueva pareja potencial, dan a entender que aún no terminan esa relación, al menos en sus pensamientos. Por ende, es dañino para la nueva pareja, pues uno de ellos seguirá atado al pasado y el otro tendrá que mantenerse en el presente por ambos, y rara vez se logra algo bueno de esas situaciones.

-¿O sea que vas a hacer tus propias leyes para las relaciones?

-Ya las hice, al menos para mis prospectos de relaciones. Hay detalles, frases, actitudes y demás cosas que las personas solemos usar cuando estamos con alguien que nos agrada. Nos delatamos en cierto modo y a propósito, queremos que nuestra pareja se dé cuenta de lo que nos hace sentir. Si las señales son adecuadas y se captan bien, esa pareja tiene posibilidades de tener una entretenida y cursi historia.

-Déjame adivinar, tú no encuentras posibilidades con las mujeres que te gustan y por eso dejas de insistir.

-No es tan simple como lo dices –respondió luego de un suspiro que parecía expulsar parte de su alma-. Con algunas sí me ha sucedido así, y lo mejor que puedo hacer es alejarme. Pero hay unos pocos casos distintos, mujeres con quienes puedo imaginarme en el futuro y con quienes creo que vale la pena intentarlo. Y también los hay en que sé que no hay futuro a largo plazo, sólo obstáculos y complicaciones que nos desgastarán a ambos... y aún así decido arriesgarme esperando equivocarme en mi previsión.

-Creo que sé con quién te sucedió eso.

Ambos terminaron con sus bebidas y pidieron al mesero que se acercaba a ellos que resurtiera sus vasos. Luego de inaugurarlos con un brindis, continuaron platicando.

-Con ella sucedió algo... curioso. Yo no tenía intenciones, ilusiones, nada. Me agradó encontrarme con ella, estaba a gusto con su compañía.

-¿Y por qué terminó como terminó?

-Porque me ilusioné –dio un trago, el más prolongado hasta el momento-. Cuando comencé a conocerla mejor, me di cuenta de que el largo plazo sería complicado entre nosotros. No necesariamente sería letal, sólo difícil de sobrellevar. Pero en esos días ya me sentía contento a su lado, la hice parte de mi vida en maneras que no creí posibles con nadie, al menos en tan poco tiempo. Esa fue nuestra perdición. Buen, la mía.

-No veo por qué fue perdición si estabas feliz.

-Porque me ilusioné con poder mantener esa felicidad. Yo sabía que, tarde o temprano, nuestras diferencias mayores emergerían y causarían fricciones en nuestra relación. Lo sabía y aún así fui tan iluso como para arriesgar la amistad que pudimos mantener desde el inicio.

-El que no arriesga no gana, ni te mortifiques.

-¿Más? –una mueca de sonrisa acompañó su respuesta- Sé que no suena muy creíble, pero lo que me duele es el haber predicho lo que sucedería y aún así continuar con mi necedad. Sabía que perdería y aposté todo. Eso es lo que me duele.

-Creí que saldrías con alguna frase cursi de que te duele lo que ella está pasando o algo por el estilo.

-Sí y no. Me dolería si supiera que ella está pasando por un duelo similar, pero sé que sobrelleva mejor la situación, es una mujer fuerte que se enfoca en vivir los momentos. Es más inteligente que yo.

La música se detuvo otra vez para dar paso al maestro de ceremonias, al cual sólo dos personas ignoraron en su discurso.

-Suena raro eso que dices. Y deprimente. El analizar las relaciones de esa manera cuando ni siquiera han empezado... no me lo tomes a mal, pero si no pudiera controlar esa “habilidad”, no me gustaría ser tú –dijo mientras giraba su silla en dirección al presentador para escuchar sus palabras.

-A mí tampoco –alcanzó a susurrar antes de terminar su bebida de un trago.

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