9 ago. 2013

Voz Infernal

Cada día es igual. No hay una hora exacta, pero siempre hace acto de presencia. La primera vez que la escuché creí que era un acontecimiento único y aislado, que no se repetiría. Tal vez se tratara de un alma en pena que vagaba por las calles, haciendo un recorrido de penitencia hacia donde podría descansar finalmente. Pero no era así.
También llegué a pensar que aquella voz era ya parte de aquella colonia donde comenzaba a transitar para laborar. Fue en mi primer día de trabajo que la escuché, y a las pocas semanas no pude soportarlo, tuve que salir de ahí inmediatamente. Nuevamente me equivoqué. Salir de aquel edificio no sirvió de mucho, pues en mi siguiente empleo también pude escuchar ese ruido infernal que ponía mis nervios en sufrimiento. Fue entonces que consideré la posibilidad de que el estrés comenzaba a destrozar mis sentidos, y que sólo estaba agrandando el problema. Pero aún en mis momentos más tranquilos podía escuchar esa voz, y sus efectos recorrían mis oídos, mi mente y a veces todo mi cuerpo. Parecía arrancar lentamente cada fragmento de mi cerebro, destazando mi cordura y corrompiendo mi estabilidad.
El ruido que emite taladra mis tímpanos, silenciando mi entorno y dejando en mi mente su voz aguda, carente de aliento y llena de desesperación. La penuria que acarrea cada una de sus palabras sólo se compara con el dolor que ocasionan. Y no conforme con ello, inicia su himno otra vez, esperando a un alguien que parece que nunca llegará, que no detendrá su agonía ni la locura que desata en algunos de quienes le escuchamos.
Y es que sé que es una voz que todos escuchamos, pero no siempre le hacemos caso. Algunos incluso la han aceptado en la cotidianidad de su vida, otros más han podido tomar con humor su aparición. Sin embargo, yo no no he podido, no puedo y dudo alguna vez poder. Es demasiado para mí, soy débil y he sucumbido a su poder y efectos devastadores, ha arrasado con la tranquilidad que tanto me ha costado mantener.
Cada día es igual. Es errática en la hora de su aparición, lo cual incrementa la agonía y ansiedad. A diario estoy a la expectativa de que esa voz salida de las profundidades del averno me visite y me haga perder el juicio lenta y sádicamente.
Ahí viene, ya puedo notar su voz. La lejanía mantiene sus efectos controlados, pero conforme se acerca a mi lugar comienza la desesperación. Aprieto mis puños en creciente ritmo, mi ojo derecho parpadea sin obedecerme, la sangre en mi cráneo se agolpa y me hace sentir cada palpitación de mi corazón en la frente y la nuca, mis pies tamborilean sin control, mi garganta intenta liberar un grito ahogado de angustia que refleje mi calvario… Y entonces escucho de nuevo y a todo volumen esa voz salida del infierno, repitiendo su cántico, torturando mis oídos hasta la demencia, y no puedo hacer nada para detenerla…

"Se compran... colchones... tambores... refrigeradores... estufas... lavadoras... microondas... o algo de fierro viejo que vendaaan..."

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