7 ago. 2013

Ficción

Y aquí estoy, con otro tequila en la mano, preparando mi paladar para el whiskey y escondiéndome en un silencio inexistente dentro de este antro. Las luces y la música han intentado atraerme toda la noche, pero las he ignorado. Miro a un lado y veo niños jugando a ser adultos. Miro al otro lado y veo adultos jugando a ser niños. Y no sé a cuál de esas categorías pertenezco, ni siquiera a cuál me parezco.

El alcohol ya no me sabe a diversión. En algún momento era el combustible de las fiestas a las que asistía, el motivo de locuras y tonterías que posteriormente recordaría en compañía de mis amigos mientras comíamos o bebíamos café. Pero tampoco he llegado al punto en que me sabe a tristeza ni a recuerdos. Sólo me sabe a alcohol, nada más.

La música "de moda" me parece simplona, sin mayor significado aunque sí con mucha energía. No encuentro mensajes en ellas, sólo coros que se repiten mientras invitan a vivir y disfrutar. ¿Vivir qué? ¿Disfrutar qué? Lo ignoro, ahí termina la estrofa y sigue un lapsus de rimas rápidas llenas de ego. No obstante, aquí sigo, escuchando todo el repertorio que el DJ tiene para esta noche, a pesar de que tres o cuatro canciones sean suficientes para tener la sensación de que se conocen todas o bien, que cada una dura varias horas.

Veo a mis amigos disfrutar todo esto que para mí es insípido. No los juzgo por ello, pero tampoco logro entenderlos. En algún momento pude haber culpado a la diferencia de edades, siendo unos mayores que yo y otros menores, casi siempre por más de 2 años, que siguen siendo una diferencia relativamente baja. Pudo ser mi excusa en algún momento, pero ya no. Veo más joviales a aquellos que son mayores, preguntándome si están en una especie de "crisis de la edad", pero la teoría se va por los suelos si considero cuántos actúan así. A menos que sea una clase de epidemia a la cual soy inmune. Pero lo dudo.

Con cada trago comienzo a analizar mi vida, cual depresivo sin remedio. Y es que en momentos pareciera que he hecho demasiadas cosas en poco tiempo, mientras que unos minutos después tengo la impresión de que mi acciones y logros parecen nada comparados con... ¿con quién? No tengo contra quien o qué comparar mis acciones. Conocidos y familiares han tomado caminos distintos al mío, se han enfrentado a circunstancias diferentes, complicaciones varias. Sería injusto, aunque no sé para quién, decir que uno es más que el otro o viceversa. Somos lo que somos, pero en distintos caminos, con distintas experiencias y distintos futuros. O eso quiero pensar.

Recuerdo un par de veces en que me "diagnosticaron" depresión. Cada una de esas veces no pude evitar una risa sutil, no sólo por mis análisis amateurs. De verdad me hacía gracia ese fatalismo hacia mi persona, aún cuando yo mismo lo propiciaba, nunca con mala intención. Tal vez terminé de creerme mi ficción y comencé a representar ese personaje. Tal vez mi ficción superó a mi realidad. Tal vez me estoy adaptando a todas esas máscaras que usé como diversión, y mi rostro ha dejado de ser el que era. En sentido figurado, claro.

Alguna vez escuché o leí a alguien decir que, cuando sientes que el mundo está en tu contra, debes analizar si no eres tú quien va contra el mundo. En ese punto estoy ahora. No sé si me estoy aferrando al pasado o el futuro me está sobrepasando. Tal vez sea nostalgia lo que siento. Creo poder presumir que mi pasado no fue malo, sino todo lo contrario. Pero tal vez es hora de dejarlo ir, comenzar a ver los mismos horizontes pero con una visión distinta, usar esas frases que plagan los libros de autoayuda y superación, o algo así.

En broma me digo "Es la edad, ya estás viejo". Sé que no es del todo cierto, que aún no tengo tantos años. ¡Ni siquiera tengo la mitad de la edad de mi padre! Las posibilidades son muchas, pero es un arma de doble filo pensar en la edad, pues no se pueden evitarlas comparaciones, esas que ya sé serían injustas.

Es curiosa la manera en que funcionan la vida y las letras. A veces empezamos algo creyendo que será fantasía, una ficción más para distraernos, y al finalizar nos damos cuenta de que es parte de nuestra realidad, y que da o dará forma a lo que somos y seremos. Como este escrito.

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