23 may. 2011

Un Héroe de Verdad

El escenario era todo un cliché: una noche lluviosa, la calle desierta y a penas iluminada por un par de faroles. En un extremo, se encontraba nuestro héroe, un hombre joven pero de apariencia demacrada, debido principalmente a las últimas semanas de peleas constantes en las calles. Algunas de sus heridas aún estaban abiertas, pero no eran letales,y el agua de la lluvia las diluía sin problema alguno. En su mirada se reflejaba el fuego del orgullo, ese que todo héroe debe tener para ser capaz de vencer a sus rivales. Su rival, ese que lo esperaba en el otro extremo de la calle, le miraba sonriendo.
Mucho se había escuchado en las calles respecto al joven héroe. Se hablaba de su coraje, de su valor, incluso de su fuerza y agilidad. Hablaban de todos aquellos "encargados" de las colonias cercanas que habían sido derrotados por el joven. Lo que nadie se había atrevido a hacer por años, un muchacho desconocido lo había conseguido en tan sólo unas semanas. La ciudad estaba aterrorizada, ya no por "El Jefe", como le conocían al dueño ilegítimo de esas calles, sino por las consecuencias que podría desencadenar. A pesar de no tener más opresores que les extorsionaran, las personas querían evitar siquiera ver el enfrentamiento de esa noche, la última pelea del joven héroe, ganara o perdiera.
Si el muchacho ganaba, no habría problemas ya. Se le conocía por su bondad y buen corazón, su sentido de justicia y rectitud en su actuar. La gente le tenía confianza, casi lo idolatraban, e incluso muchos ya lo consideraban como el protector de la ciudad. Sin embargo, un factor importante era el que los mantenía en sus casas: la posibilidad de que perdiera esa pelea.

Durante días, el joven había recorrido la ciudad en una camioneta plateada, buscando a quienes eran considerados caciques más renombrados de las colonias, esas personas que habían proclamado como su territorio algunas calles y que se encargaban de "gobernarlas" con violencia y extorsiones. Aunque con dificultades, a todos les había vencido en duelos uno a uno, de lo poco honorable que se conservaba entre los vándalos de la ciudad. Pero cada batalla había sido más complicada debido a las heridas anteriores. Siguiendo esa línea, el enfrentamiento de esta noche se auguraba en extremo complicado, pues el joven héroe difícilmente podía correr debido a una severa herida en su pierna derecha, y sus golpes no eran tan potentes debido al hombro que le había dislocado el último de sus contrincantes. De ahí provenía el miedo de la gente, de que perdiera y que El Jefe consiguiera más allegados para seguir con su dominio en la ciudad. Se estaba apostando todo en una sola pelea, donde el ganador o sobreviviente sería quien definiese el futura de la ciudad.

Fueron un par de minutos de observación mutua, donde cada uno de los peleadores intentaba descubrir el punto débil del otro. Para El Jefe no fue complicado, pues casi cualquier punto de aquel niño podía considerarse débil en esos momentos, así que comenzó a recordar cómo se había enterado de aquel insecto molesto y de cómo sus mejores elementos habían sido derrotados y "secuestrados". Recordó la primer llamada que el muchacho hizo, diciéndole que estaba venciendo a sus hombres en duelos, la única práctica honorable que quedaba en la ciudad, donde sólo los peleadores podían estar involucrados y que podía terminar en piedad por parte del ganador o en la muerte del perdedor. Al Jefe no le preocupó esto, pues sus hombres eran experimentados peleadores, razón por la que tenía cada uno su zona de dominio. No obstante, cuando comenzó a enterarse que habían sido derrotados en una pelea cuerpo a cuerpo, uno a uno, su preocupación creció. Lo que le pareció curioso, es que el joven prometiera que todos aquellos a quienes venciera antes que al Jefe serían espectadores en la última pelea. Le pareció curioso en ese momento debido a que la calle seguía desierta, así que sólo pudo imaginar que estarían amarrados e inconscientes en el autobús en que el muchacho había llegado.
- Muy bien niñito, terminemos con esto pronto- comenzó a tronarse los dedos de las manos mientras avanzaba hacia el muchacho-. Si crees que seré rival sencillo, te equivocas. ¡Yo entrené a todos los hombres que venciste!
El joven héroe no emitió sonido alguno mas que el jadeo de su cansancio. Hasta ese momento de tensión sospechó que tenía alguna costilla rota. Aún con ello, retrocedió un par de pasos en dirección al autobús que le había sido prestado un par de días antes.
- ¿Recuerda lo que le dije cuando empezó todo esto?- tuvo que elevar la voz para que el Jefe le escuchara en aquella pequeña tormenta-. Le dije que todos aquellos que venciera en estos días, serían espectadores de nuestra pelea. Pues bien…
Con un movimiento rápido pero firme, abrió la compuerta trasera del vehículo, dejando ver varios bultos acomodados en filas. Al principio, el Jefe no los distinguió bien, pero al dar unos pasos más, descubrió que se trataba de sus hombres, todos ellos con las manos y pies atados a sus espaldas y amordazados. Otros cuantos pasos y la expresión de enojo en su rostro cambió por una de temor: varios de ellos tenían heridas, presumiblemente de balas, en partes distintas del cuerpo, en algunos casos era obvio que yacían muertos.
-¡GRANDÍSIMO HIJODEPUTA! ¿Qué les hiciste a mis hombres? ¡Dijiste que los enfrentarías en duelos honorables, y las armas están prohibidas en ellos!
- ¿Y?- fue la única respuesta verbal que el muchacho dio al jefe. En ese instante se alejó del autobús al tiempo que lanzaba un encendedor al interior, el cual previamente había saturado de gasolina, junto a aquellos hombres considerados como tiranos.
El Jefe no supo qué hacer. El sonido del fuego consumiendo la carne humana le detuvo en seco, pero el llamado de auxilio de sus hombres, los que aún quedaban con vida, le incitaba a entrar en aquel vehículo y salvarlos. Pero entonces miró al muchacho. Lo vio y se dio cuenta de que estaba sonriendo totalmente feliz y satisfecho.
- ¿Qué clase de monstruo eres? ¿cómo te atreves a hacerle esto a la gente? ¡ni siquiera respetaste el honor de los duelos!- vociferaba el Jefe mientras corría hacia el muchacho con la firme intención de matarlo a golpes y luego incinerarlo.
- ¿Qué? ¿Esperabas que "jugara limpio" contra ustedes, los que han sido opresores de la ciudad por años? ¿Los que extorsionan y usan la violencia como herramienta para todo? ¿Creías que por ser "el héroe" haría las cosas de la manera bonita?- de su rostro se borró la sonrisa y se esbozó una mirada letal y malvada- Deja los comics y las películas para distraerte, usa la realidad para vivir.
El muchacho levantó su brazo derecho, y en el extremo de él pudo verse una pistola. Apuntó al Jefe y disparó, todo en un instante. No se escuchó el sonido del disparo, tal vez amortiguado por la lluvia y los truenos, y el cuerpo de aquel tirano que había aterrorizado a la ciudad cayó de rodillas ante el joven héroe. Cubrió la herida en su estómago con sus manos mientras intentaba ahogar los gritos de dolor.
El muchacho avanzó y quedó frente al Jefe, apuntando con el arma hacia su cabeza.
- A todos les dije que sería un duelo honorable, pero no se puede tener uno de esos si los involucrados no lo son. La ventaja es que aceptaron mis condiciones de "pelear en privado", y que tenía un silenciador- mostró de nuevo su arma, presumiendo el aditamento que llevaba en la punta-. La otra ventaja es que me creíste al decirte que había secuestrado a todos ellos como trofeos. Como si me interesara conservar escoria de tal nivel.
El Jefe levantó la mirada, desesperado por sobrevivir.
- Anda, mátame. Dispara ahora. sólo recuerda que, si lo haces, te convertirás en alguien com…
Un nuevo disparo. El hombro izquierdo del Jefe comenzó a sangrar y un aullido de dolor escapó de su garganta. El joven mantenía su mirada fría y el dedo en el gatillo.
- ¿Se supone que convertirme en alguien como tú es mi castigo? ¿Convertirme en alguien que elimina los obstáculos en su camino o en alguien con poder? ¿O cómo eres que no debo convertirme en ello? Vamos señor, creí que tendría argumentos mejores para un momento así, no esa basura de películas "con mensaje".
- Jajaja- el Jefe intentó ocultar con su risa la sensación de terror que lo invadía ante la actitud del joven-. No niño, me refiero a que se debe ser valiente para matar a alguien…
- Supongo olvida a sus hombres. No a todos, pero sí a varios tuve que matarlos. Quería siguieran vivos hasta ahora y que estuviesen conscientes al momento de prender el fuego, pero bueno, si no los mataba, era probable que me rompieran más huesos de los que ahora debo curarme.
- Jajajajajajajaja- una carcajada del Jefe dejó ligeramente sorprendido al muchacho-. Así que no pudiste vencerlos a golpes, sólo con un arma. ¡Valiente héroe tiene la ciudad!
- No sé si sea un héroe. Sólo sé que me deshice de ellos, es lo que me importa. A usted no le importaba cómo mantener el poder, ¿por qué espera que a mi me importe el cómo derrocarlo?
- Porque… porque… ¡porque no es lo correcto! ¡Debes hacer las cosas bien! ¡Se supone eres una buena persona, alguien que la gente admira! ¡No puedes ser como yo!
- Si fuese así, nunca podría enfrentármele. No habría igualdad de circunstancias y, por ende, siempre perdería. Esa es la razón de que durara tanto tiempo dominando la ciudad, nadie quería enfrentarle en igualdad de condiciones, siempre por el "buen camino". Pero hay veces en que el buen camino no lleva a ningún lado, mas que al punto de inicio o a un barranco. Yo no soy como la gente de esta ciudad, que espera ser rescatada un bondadoso Superman. Y respecto a ser como usted… pues no puedo decir que no nos parezcamos, pero definitivamente no somos iguales. Yo soy mejor, y la prueba está en que le vencí a usted y sus hombres.
- Pero con trampas…
- Las trampas son para los tramposos, y usted no es precisamente la persona más honorable, a pesar de sus famosos "duelos". Espero se pudra en el infierno.
-Te veré ahí, imbécil- el último esfuerzo del Jefe para que aquel joven no hiciera su disparo letal resonó en la calle.
- Claro que me verá ahí. Me gusta regresar a mis raíces.
Los ojos de asombro del Jefe fueron sustituidos por dos balas. El cadáver cayó en el asfalto empapado, mientras el joven héroe le miraba desangrarse. Pero no había terminado aún la labor. Con sus escazas fuerzas tomó el cuerpo del que fuese "dueño" de la ciudad hasta unos minutos antes, y lo llevó hasta el autobús. Haciendo uso de unos cuantos tubos metálicos, jaló cuatro de los cuerpos que seguían calcinándose en el vehículo y los usó para cubrir el del Jefe. Luego, se dirigió a la parte delantera y sacó un galón de gasolina que tenía reservado exclusivamente para el Jefe.
A la mañana siguiente, la gente especulaba sobre lo sucedido, de cómo un joven muchacho se había enfrentado a puño limpio, y además vencido, a toda una mafia de pandilleros. También se hablaba de la trágica muerte del Jefe y sus hombres más cercanos y letales en ese autobús, todos calcinados. Los rumores decían que, en cuanto el Jefe supo de la caída de sus mejores elementos, decidió huir con ellos, pero que, por azares del destino, un pequeño incendio se convirtió en su sentencia de muerte, acabando con los opresores de la ciudad.
La historia cobró fama de inmediato, y muchos se dedicaron a localizar a aquel héroe que enfrentara a "los tipos malos" a puño limpio y les ganara de la misma manera, limpio. La esperanza regresó a los ciudadanos, teniendo como ejemplo la valentía de un extraño y que no tenía la menor posibilidad de ganar. Esa inspiración debía permanecer así. Fue por ello que el muchacho despareció de la ciudad inmediatamente. Nadie supo nunca más de él ni de los verdaderos sucesos. La leyenda había quedado grabada en los cimientos de una ciudad que resurgía, esta vez sin el obstáculo del crimen y la maldad, como muchos aún le llamaban.

Kaiser – 23/05/11

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