28 feb. 2018

X-CEN

No recuerdo cómo inició todo. Alguna vez me lo preguntaron, y sólo pude responder lo que me tocó ver desde mi posición. Y es que cada uno de los que participamos tuvimos nuestro lugar; algunos cobraron mayor protagonismo, otros se desviaron del camino, algunos más siguieron sus propias intenciones. Pero luego de una década, ya no me atrevo a condenar a ninguno.

Y es que todo empezó con un día de descanso. Todos anhelábamos ese día extra de asueto con que se nos "amenazó", e incluso fuimos lo suficientemente ingenuos y egocéntricos para creer que se trataba de una maniobra para descansar más días de los estipulados de manera oficial. Recuerdo haber sido uno de los que defendieron tal teoría.

No recuerdo qué día fue, sólo recuerdo que algo me motivó a averiguar más al respecto de aquel conflicto. Recuerdo que esa curiosidad se originó gracias a un correo electrónico, de esos que hoy califico de alarmistas, y que si bien estuve a punto de menospreciar, su remitente me hizo pensarlo dos veces, además de incitarme a descubrir las razones y orígenes de ello.

No recuerdo cuántos éramos los que acudimos ante las puertas tras las que se atrincheraron quienes nos separaban de continuar nuestra rutina de estudios, y nunca lo sabré con certeza. En mi memoria se mantienen escenas de cómo comenzaron a dispersarse las teorías y a congregarse las personas. Cuando me di cuenta, la curiosidad y la suerte me habían encaminado al centro de esa improvisada organización. Me encontraba debatiendo con otros compañeros, desconocidos hasta antes de esa reunión, acerca de nuestro futuro y de cómo tomaríamos las riendas del mismo, evitando que terceros lo afectaran a su antojo. Al mirar alrededor, nos habíamos congregado desde los cuatro posibles y distantes puntos: Norte, Sur, Oste y Más al Sur.

Cuando miro en retrospectiva aquella época, me doy cuenta de lo ignorantes que debimos parecer ante ojos más experimentados, desde la manera en que nos hicimos llamar hasta las propuestas que queríamos exponer. También de lo ilusos que éramos al suponer que teníamos una participación decisiva en aquel conflicto. En cierto modo, creo que fuimos un grupo de infantes haciendo berrinche y pidiendo atención porque nos quitaron un juguete que ni siquiera valorábamos como debíamos cuando lo teníamos. Aún así, me alegra que haya sucedido.

No me malinterpreten. Pocas veces nos dejamos llevar por lo visceral, siempre procuramos mantenenos centrados y congruentes con lo que llegamos a llamar por unas horas "nuestros estatutos", pero sonrío al recordar que en verdad creíamos con toda nuestra inexperiencia que estábamos haciendo algo único y diferente, o que teníamos verdadera participación en aquella batalla. Éramos espectadores, pero insistimos en sentirnos protagonistas, unos más que otros. Y cuando algunos nos dimos cuenta de ese error, ya era tarde para que de verdad tomáramos protagonismo. Agotamos nuestra energía, propia de la juventud, en ilusiones, y el poco asesoramiento que pedimos y aceptamos lo enfocamos a castillos en el aire. Aún así, me alegra que haya sucedido.

No recuerdo las fechas, pero sí recuerdo aquella ocasión específica en que la misma energía jovial que nos impulsó a organizarnos para enfrentar obstáculos, también nos encaminó a la diversión momentánea. Jugamos a convivir, y de manera muy natural, comenzamos a beber y reunirnos, cada vez con más frecuencia. Ahora que lo pienso en voz alta, pareciera una historia individual y no de un grupo, pero siendo fiel a la verdad, en aquellos días éramos unidad, un conjunto que se obstinaba en continuar y cuyos vínculos se reforzaban con cada nueva reunión, sin importar la seriedad o informalidad que tuvieran. Recuerdo que en aquel entonces me pareció haber transcurrido toda una vida, viendo casi a diario los mismos rostros llenos de decisión, esperanza y compañerismo, conviviendo fraternalmente, especulando acerca de nuestro futuro y de la comunidad misma, minimizando las obvias diferencias que en algún otro escenario nos habrían distanciado, pero que en el contexto que nos tocó vivir, sirvieron incluso para complementarnos, reforzarnos y conocernos como grupo.

Tampoco recuerdo la fecha exacta en que concluyó aquel episodio que nos hizo unirnos. Recuerdo la noche en que abundaron las llamadas, los mensajes, las risas y las lágrimas. Todo volvería a la normalidad, pero ya no queríamos esa normalidad. Ya nos habíamos acostumbrado a la rareza de grupo que habíamos conformado, y sabíamos que, con la huelga, también se acababa, al menos como lo conocíamos. Prometimos muchas cosas y cumplimos varias de ellas. Sin embargo, sabíamos que nuestra prueba ante el tiempo y la distancia recién había comenzado.

Hoy lamento que se desgastaran muchos de esos vínculos. Lamento que los caminos de varios de nosotros se hayan separado tanto, pues cada quien supo aportar desde su personalidad hasta sus habilidades innatas y en desarrollo, para la causa que defendimos. Lamento que varias de esas personalidades y habilidades también fungieran como motivos de separación entre nosotros. Lamento que de aquel grupo donde veía más de veinte rostros ansiosos por demostrar que podíamos lograr muchas cosas, hoy sólo llegue a encontrarme con menos de una decena, y ni siquiera a la vez. Lo lamento, pero también agradezco aquella época que me permitió conocer a tan prominentes personas, y agradezco aún más que en cada una de las ocasiones que volvemos a cruzar caminos, podemos saludarnos como en aquellos días, como si aún nos encontráramos en la misma trinchera.

Una huelga de universidad es lo que recuerdo. Una que, a los pocos meses, sería considerada como la de mayor duración en mi alma máter. Una huelga que detonó como extensión de un descanso, y que desde el lugar que la viví, también me ayudó a formar vínculos que el tiempo no ha logrado mermar, a pesar de distancias y maneras de pensar. Gracias a esa huelga descubrí la facilidad que tenemos para organizarnos cuando tenemos un fin en común, y la hermandad que somos capaces de fomentar entre desconocidos si logramos coincidir en algunas ideas.

Gracias, Ex-CEN e integrantes del mismo, que una década después aún están presentes en mi memoria.

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