8 feb. 2012

Cuando Muera

El siguiente escrito fu concebido hace ya un tiempo debido a una sucesión de acontecimientos personales relacionados precisamente con la muerte. Para muchos puede parecer un escrito muy sombrío, deprimente y hasta preocupante. No hay motivos para considerarlo de estas últimas maneras, puesto que, para su autor, es más bien una promesa que algún día confía cumplir.

Diversas circunstancias me han hecho preguntarme
acerca del destino y acerca de lo que pase
ese día en que me vaya, el día en que muera,
y divagando un poco he encontrado respuesta.
Cuando muera será un día grisáceo y lluvioso,
será un día sencillo como cualquier otro.
La lluvia se encargará de purificar mi alma
y las nubes bloquearán las ilusiones falsas
de que mi destino esté allá en los cielos,
yo bien sé que es más probable tener sitio en el infierno.
Siempre supe que el paraíso no era para mí,
no fui ni seré un santo ni siquiera al morir.
Aún así no me arrepiento de lo que haya hecho,
pero eso no significa que siempre estuve satisfecho.
Cuando muera quisiera escuchar una canción,
una que hable de Nada, del tiempo y de cómo soy.
Quiero sentir las notas que esa melodía tiene
y que mi corazón detenga su palpitar insistente
al ritmo del viento, al ritmo de la lluvia,
y que al término de esta se esfumen mis penurias.
El día que muera no será de tristeza,
no quiero saber que sufren con cosas como esa.
Sólo quiero saber que sí me recuerdan
y que su compañía ese día es de lo más honesta.
No quiero saber que en mi sepultura
haya lágrimas que confundan su caída con la lluvia.
Si acaso ha de haber llanto solo pido sea sincero
y que después se olvide que ese día he muerto.
Lo último que quiero es que sufran por mi culpa
o que carguen mis cruces, pecados o dudas.
Sería deprimente que aún después de muerto
siga ocasionando algún tipo de sufrimiento.
Solo quiero me despidan con un par de palabras
y después me permitan seguir con mis andanzas.
Aunque me es incierto si tendré otra vida,
me gusta imaginar que lo sabré ese día.
Cuando muera quiero irme con una sonrisa
esbozada en mi rostro y sin ninguna letanía,
que mi alma sea juzgada tal cual termine siendo,
no me gustarían disfraces ni siquiera estando muerto.
Si algo aún debo entonces habré de pagarlo,
y solamente yo de eso me haré cargo.
Nada de intermediarios entre mi destino y yo,
no quiero que interfieran aunque haya buena intención.
No me da miedo enfrentarme a lo que pueda causar,
lo que me aterra es que a otros vaya a involucrar.
El día en que muera no será de tristeza,
tal vez termine mi vida pero otras cosas empiezan.
Sólo quiero saber que sí me recuerdan
aunque no haya logrado enormes proezas.
Cuando muera quiero que recuerden mis versos,
tal vez así se esclarezca el cómo fui por dentro,
será una manera para que me entiendan
y con algo de suerte algo más aprendan.
Todo lo que dije tuvo sus razones,
lo que dejé escrito es más que opiniones,
es parte de todo lo que pude aprender,
son fragmentos de memoria que nunca olvidaré.
No son enseñanzas y menos son poemas,
solo es lo que pensaba en situaciones inciertas.
Cuando muera estaré triste porque habré de despedirme,
diré "Adiós" a todo y todos cuando mi existencia termine,
pero a nadie olvidaré en ningún momento,
sé que los veré otra vez a su debido tiempo.
Esperaré tranquilo hasta que llegue el día
en que nuestros caminos recuperen sincronía,
el día en que mis sentidos aprecien la poesía
que un reencuentro en otra vida significa.
El día en que muera no será de tristeza,
será un simple intermedio aunque no lo parezca.
Sólo quiero saber que sí me recuerdan
y así podré irme tranquilo y sin penas.

Kaiser – Julio 2007

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