3 jun. 2013

Borracho

Dicen que los borrachos siempre dicen la verdad. Quienes lo dijeron seguramente estaban borrachos. Eso se dijo Leonardo mientras tropezaba por quinta ocasión con la banqueta en su afán de mantenerse en movimiento. A penas llevaba unos minutos caminando solitario por las calles, pero sentía haber recorrido kilómetros, a pie y arrastrándose también.
Si le preguntaban, él diría la verdad. No necesitaba estar borracho para decirla. Si era cuestionado respecto a aquella mujer conocida como Luna, no mentiría ni adornaría su relato con exageraciones. Pero nadie le preguntaría a un borracho.
Así era mejor. Podría llegar a su casa y olvidarse de todo por unas horas, caer en un sueño profundo como la botella que minutos antes vaciara a largos tragos sin ayuda alguna. Tal vez se había embriagado a propósito, para no mentir a nadie de lo sucedido. Seguramente fue ese el motivo, aunque no podía recordarlo ya.
Habían secuestrado a Luna. Pero no era uno de esos secuestros que diariamente ocupan algunas columnas en los periódicos y que son olvidados unos días después. No la habían secuestrado personas, sino el cielo, y Leonardo lo había visto todo.
En cuanto salió de la cantina, la vio mirando las estrellas, o lo que parecían serlo. Vio también cómo una luz intensa, como de esos reflectores que usan en el teatro según las películas, se centraba en Luna mientras ella seguía embelesada. Había corrido hacia ella, con cierto temor y escalofríos, pero antes de lograrlo, los pies de ella ya no tocaban el suelo, sino que recorrían ese sendero blanquecino que demarcaba la intensa luz de aquella estrella luminosa.
No gritó ni armó escándalo alguno. No se atrevió a advertir de lo ocurrido a la gente que estuviera en las cercanías. En cuanto la idea cruzó por su mente, se dio cuenta de lo ridículo que sonaba, incluso para sí mismo. Además, ¿quién le haría caso a un borracho?
Repentinamente, una duda peor lo desconcertó: ¿estaba borracho cuando raptaron a Luna? Tal vez, en ese momento, el efecto del tequila aún no acudía a sus sentidos, pero si ya estaba borracho, bien podría tratarse de una alucinación.
Se supone que los borrachos siempre dicen la verdad, pero ¿cómo saber en qué momento ya estaba borracho? Y si ya lo estaba, ¿cómo saber si decía la verdad o sólo había sido una alucinación?