4 ene. 2017

Miedo

Qué bueno que investiguen las fuentes de la información que comparten. Qué bueno que filtren los datos que les llegan en redes sociales. Qué bueno que corroboren la veracidad de fotografías y videos, especialmente cuando abordan temas delicados o que puedan incitar a consecuencias mayores. Qué bueno que distingan las incitaciones al pánico colectivo, las tretas para infundir miedo en la población y similares artimañas gubernamentales y sociales. Qué bueno que hagan todo eso ahora, pues da muestra de que hemos aprendido, aunque sea por la mala manera, a informarnos. En serio, qué bueno.

Pero qué malo que no vean más allá de sus burbujas, y ofrezco disculpas por lo agresivo de la expresión. Qué malo que no sientan empatía por el pueblo que dicen defender y por el cual presumen preocuparse. Qué malo que no se vea el contexto por buscar culpables.

Esto lo escribo debido a los acontecimientos del día, de este 4 de enero de 2017. Nos ahorraré la crónica de antecedentes y me enfocaré en lo que me llamó la atención y por lo que quise escribir esto. A lo largo del día tuve oportunidad de leer comentarios, noticias, anécdotas, rumores, cadenas y gran cantidad de teorías. Los varios saqueos a tiendas departamentales fueron el tema desde aproximadamente el medio día, aunque el precedente quedó fundado anoche. Pero repito, hay un punto en el que quiero centrarme porque, a mi parecer, es crucial en estas épocas y responde en parte al por qué no se han concretado los diversos movimientos y levantamientos sociales en México.

Como saben, muchas plazas comerciales y sucursales de diversos autoservicios, e incluso comercios medianos y pequeños, cerraron sus puertas en el transcurso de la tarde por temor a ser víctimas de los que en algún momento llamaron "manifestantes", los cuales crearon una rápida fama de ser saqueadores violentos. Siendo sincero, puede que yo también me hubiese mostrado escéptico si comenzara a leer y escuchar de estos acontecimientos, pero mis fuentes fueron laborales y directas, por lo que no me quedó mucha duda.

Por supuesto, las teorías de la histeria colectiva y el miedo infundido comenzaron, y admito que con bastante fundamento. Sin embargo, es aquí el punto que me llamó la atención durante toda la tarde y que ahora quiero comentar: mucha de la gente que apoyaba estas teorías, se expresaba con cierta soberbia y bastante desdén ante la gente que, al escuchar las noticias y rumores de los saqueos, comenzaba a cerrar sus comercios. Exageración, decían. Afortunadamente, en varios casos así fue.

Digo que afortunadamente, porque hubo otros casos en los que no salieron bien librados. El rumor resultó cierto y varios puntos de venta fueron irrumpidos por la fuerza, en una práctica no muy común pero bastante conocida. Varios saqueos y robos comenzaron, y la reacción fue generalizada, bajando cortinas y cerrando puertas. Una reacción que cualquiera tendría, pero que muchos no perdonan, al menos hoy.

Miedo infundido, insisten que es. No puedo negarlo. Pero sí puedo cuestionar la postura que llegaron a usar, diciendo que no debían cerrar, que no debían temer. Qué mal que no tuvieron contacto con personas que estaban en esas zonas vandalizadas, o con los empleados de dichas tiendas. Qué mal que no vieron el miedo y tristeza en sus ojos, más que por las pérdidas materiales (que dicho sea de paso, en muchos casos no les afecta directamente a los trabajadores), por la incertidumbre de lo que podría sucederles a ellos como personas. Qué mal que esas expresiones las hagan sin imaginar a quienes vivieron en persona lo caótico de las incursiones y robos, así como la violencia con que se dieron algunos. "Lo material, como sea, ¿pero y la gente?".

Este día, la falta de empatía y comprensión me resultó más llamativa que nunca. Y es que ¿cómo espera la gente una unión del pueblo si no es capaz de ver como los demás? Queremos ir hacia adelante, pero sin darnos cuenta que no todos miramos a la misma dirección. Pedir el día de hoy por una unión y una organización social idealizada, y al día siguiente menospreciar a otros por su poder adquisitivo o conocimientos... he visto hacer eso a más personas de las que quisiera, y más cercanas de lo que me gustaría admitir.

Aún con todo esto, también queda en el aire la posibilidad de la ya común "cortina de humo", de la cual también hemos generado una paranoia con sus respectivos efectos. No puedo descartar la opción, pues es bastante probable. Es sólo que no me parece correcto hacer a un lado la cualidad que también es herramienta en todo cambio social, la empatía.

Dudamos de todo y todos, y eso no es malo. Tenemos miedo a muchas cosas, y eso tampoco es malo necesariamente. Pero sí lo es el atacar en cuanto inician las dudas, así como el menospreciar por tener miedo, considero yo.

Favor de insertar aquí cualquier frase trillada del estilo conocido como chairo, para que sea ignorada la opinión expresada.